el dogo argentino(2)

 

No podría dejarse de tocar el tema en el patriarcal hogar del Dr. Antonio Nores y la señora Isabel Martínez Berrotarán, ya que el jefe de familia además de caballeresco galeno era cazador y cinófilo de alma.

Entre elogios y críticas se desliza han en estas conversaciones, que era lamentable que tanta bravura, tanto coraje y eficiencia para la lucha se derrochara en actos tan inútiles. Además, seguramente llegaría un día en que tales manifestaciones serían prohibidas, como ocurría en otros países y los ruedos quedarían vacíos y tras ellos desaparecerían estos bravo ejemplares. Tal vez si se lo convirtiera en actores de luchas útiles su bravura sería noblemente considerada y salvado su destino.

Surge la Idea del perro de caza mayor

Este razonamiento quedó prendido en la cabecita del entonces niño homónimo de su padre y cuando llegó a los límites de la adolescencia y regresando de haber presenciado con su hermano Agustín una pelea de los peleadores cordobeses le participó a éste su decisión de transformar el árido luchador en un perro de caza mayor útil, porque su combatividad se emplearía para batir las plagas animales que depredaban el agro, como lo eran el jabalí, el puma, el zorro colorado, algunas otras especies, autóctonas o no, que pululaban sobre todo en lo montes que les servían de refugio.

Desde ese momento los dos hermanos, Antonio y Agustín Nores Martínez, consagraron los momentos que así se lo permitían sus estudios a la elaboración de la nueva raza.

De no ser que adjudico a una ignorancia supina o, al menos, a una falta de información fundamental, calificaría de calumniosa la afirmación de algunos pretendidos mentores de la raza criolla, que arriesgan afirmar que en principio los Nores Martínez quisieron hacer una raza de perro de pelea o querer dudar si fue una decena el número de razas utilizadas para la consecución de ese soberbio cánido de Caza Mayor.

A efectos de reproducir la verdad histórica, aún a riesgo de aparecer ante el lector como reiterador de cuestiones conocidas por los medianamente informados sobre Dogos o caer en el extremado detallismo expondré a continuación los porqués, cómo, con quién y de quién se obtuvieron los elementos constitutivos del sujeto motivo de esta.

Comenzaremos por desvirtuar el infundio de que el primitivo propósito fue el de hacer un perro de pelea.

¿Valía la pena producir mas de lo mismo?

Aunque no existieran, y existen expresas declaraciones de la autoría de la raza, para comprobar que en ningún momento se tuvo ni remotamente aquel objetivo, basta decir que los primeros cruzamientos se hicieron con ejemplares de la raza Pointer y a continuación con Gran Danés, razas ambas ineptas para la finalidad que se pretende imputar. Además, teniendo como base el exitoso peleador cordobés ¿Valía la pena ponerse a trabajar en semejante tarea para producir más de lo mismo?

Por el contrario la propuesta de convertir el impráctico peleador en un útil perro de Caza Mayor destinado a combatir las especies que dañaban el agro, no solo justifica la magnitud del intento, sino también la inclusión de una raza como el Pointer que probablemente dotaría de sus grandes condiciones olfativas al nuevo ser ideado, virtud de la que el usado como base era totalmente carente y que, sin duda alguna sería imprescindible para la futura función de ubicar y perseguir a la salvajina.

Comenzando con el Pointer traído de Francia

El primer Pointer que ingresa en la formación de la raza fue un importado de Francia que el Ingeniero Miguel Arrambide le había obsequiado al padre de los Nores, llamado “Zug de Tregroaz”.

La incorporación anterior dio resultado, los cachorros obtenidos comenzaban a tener condiciones olfativas, en vista de ello se insistió con la misma sangre, usando para ello un hijo de “Zug” y de la perra francesa “Hantipe Saint Fargeant” que se llamaba “Champion”.

El éxito de la combinación estribó en gran parte que los dos animales importados antes mencionados eran merecidos campeones de estructura y trabajo en su tierra natal.

En Búsqueda de las dotes olfativas

El constante deseo de proporcionar dotes olfativas venteadoras en los sucesivos cruzamientos es que se usan otros Pointer y hasta en la reconstrucción efectuada por Agustín Nores Martínez, nos cupo intermediar en un envío de un ejemplar por parte de Dr. Magnelli Ferrari a Esquel para realizar uno de los últimos cruzamientos en esta segunda etapa que serviría de punto de partida para todos los Dogos Argentinos con pedigrí en todo el mundo.

Pero no todo era conseguir un perro valiente capaz de arriesgar su vida en la lucha y poseedor de un gran olfato que le permita detectar la presencia de la presa a distancia y en su encarne. Había que resolver el problema que, una vez ubicada aquella y enfrentada, no habría que darle oportunidad que impusiera su potencia ante un luchador de no mucha talla y peso, que, aun en jauría de cuatro o cinco, estaba muy debajo del peso de un chancho que en oportunidades superaba los doscientos kilos.

En la búsqueda de peso y tamaño y cabeza

En búsqueda de la solución a este problema de tamaño y peso los Nores Martínez recurrieron al servicio de un Gran Danés, el “Ney”, también de propiedad de su padre e hijo de una perra de pedigrí propiedad de su tío Rogelio Martínez, llamada “Tigresa de Basquerville” y de “Sultán”, cuyo propietario, el señor Gastón Degoy era dueño del hotel “Kiosco Parisien” en la localidad de Santa Rosa de Río Primero de la provincia de Córdoba.

Como el problema del tamaño fue una constante para Antonio Nores Martínez y su colaborador hermano se usó en los cruzamientos a “Fox”, un gigantesco Gran Danés, hijo de ejemplares importados de Alemania por el que fuera Director del Zoológico de Córdoba, señor Sherer. Este perro era de propiedad de don Carlos Cuadro del Viso, y se lo uso varías veces en el trabajo genético, aún cuando ya Agustín residía en Esquel.

Los Daneses no solo dieron peso tamaño sino que otorgaron cabeza a nuevo espécimen.

Todavía faltaba una poderosa mordida

Otras necesidades acuciaban para conseguir el Cazador Mayor anhelado. Una y principal era obtener la más amplia y poderosa mordida, producto de una correlacionada mandíbula. El encargado de transmitir semejante condición fue el rechoncho y musculoso Dogo de Burdeos, quizá no muy puro, que proporcionó don Nicolás Milkelevich, que en la Falda del Carmen, lugar cercano a Alta Gracia, era encargado de un campo perteneciente al Dr. Antonio Nores (padre).

Si de la pureza de sangre se podía tener algunas dudas, no así de su tipo y de la capacidad de lucha contra los pumas de la que hizo gala reiterativa mente.

Sobre este cruzamiento no se insistió en demasía, pues al creador de la raza no le gustaba la tonalidad amarillenta que transmitía el pelo y que era muy difícil de eliminar.

Sin embargo también se usó un descendiente de ese perro fruto del cruzamiento con una perra Bull Terrier que el mismo Milkelevich proporcionó a los creadores.

El propósito de incluir genes de Irish Wolfhound para incentivar el espíritu de lucha contra las fieras y aumentar el tamaño, no pudo ser cumplido en un principio por un ejemplar puro ya que esos Galgos Irlandeses fueron siempre difíciles de conseguir en nuestro país. Hubo que recurrir a “Nahuel” que era hijo de una perra pura importada por la señora Alicia Lalor de Parodi Cantilo que con su esposo eran propietarios del hotel Tunkeleng de Bariloche y que habiendo traído la perra de Irlanda y no consiguiendo aquí macho para servirla, resolvieron aparearla con un Danés. Naciendo de dicha unión “Nahuel” y “Don Patricio” que resultaron excelentes cazadores de jabalíes.

Introduciendo Irish Wolfhound Puros

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